viernes, 6 de enero de 2017

Mendoza: Capital Internacional del Vino

En la ciudad de Mendoza, una de las más bellas del país recorrimos la ciudad antigua y moderna, sus principales calles y avenidas, plazas y paseos, iglesias. La avenida San Martín, la Alameda, el Centro Histórico, las Ruinas de San Francisco, la Plaza Pedro del Castillo, el famoso parque O´Hggins, el Acuario Municipal, la Casa de Gobierno, el Centro de Congresos y Exposiciones, el auditorio ángel Bustelo, el paseo El Rosedal, el Club de Mendoza para las Regatas, el Cerro de la Gloria y el Monumento al Ejército de Los Andes. En plena zona de la precordillera visitamos la capilla y el santaurio de la Virgen de Lourdes,  en la Hermosa avenida Libertador.
 
La provincia argentina de Mendoza es llamada “la tierra del sol y del vino”. En verdad, lo que observamos en esta zona y en la  hermosa urbe que es ciudad Mendoza, una de las más importantes del cono sur, hace honor a la leyenda de sol y vino que sus habitantes muestran con orgullo.
 
En Mendoza se elabora el 70% del vino que se produce en Argentina. La idoneidad de estas tierras para sembrar la vid ha ido alcanzando  reconocimiento mundial, por la calidad y exquisitez de la uva malbec, la variedad de uva vinífera más famosa de la Argentina y también la mejor adaptada a los suelos montañosos y el clima soleado de Mendoza.  El vino y la vinicultura definen el alma de la zona, que cuenta con emblemáticas bodegas y enólogos apasionados que atraen a turistas y amantes del vino procedentes de lejanas geografías.
 
Como el resto de Argentina, Mendoza  tiene una muy importante influencia europea, lo que se nota en los estilos arquitectónicos, y las amplias avenidas, parques y calles pobladas de frondosos árboles. De ahí que es una ciudad turística por excelencia y un centro universitario muy concurrido. La actividad turística en torno a la industria vitivinícola, por lo cual Mendoza es llamada Capital Internacional del Vino, nos llevó a recorrer: los caminos del vino del valle de Uco y sus imponentes paisajes, así como los caminos del vino en Luján de Cuyo y Maipu, entre otros, observando la cultura vitivinícola, el proceso del vino y su cultivo en bodegas y viñedos de gran tradición, como son: Catena Zapata, Terrazas, Maipú, Casa Arena, Bodega Salentein, Bodega Andeluna y Bodega Piedra Infinita.  
 

Chile: hermosura geográfica de los Andes al Pacífico


 
Dos fronteras naturales separan a Chile del resto del mundo. Un país que se dibuja como una larga y estrecha faja de tierra que se extiende por más de 4, 000 kilómetros, entre los Andes y el Océano Pacífico. Chile es, sin duda, un país de contrastes. Una tierra hermosa, un paraíso para los amantes de la naturaleza, que también se destaca por su gran riqueza cultural. 
 
Mezcla de español e indígena, las expresiones culturales aymaras, atacameñas, mapuches, y patagónicas, en fusión con los aportes de alemanes, italianos, ingleses, croatas, y árabes, conforman el conjunto de tradiciones y expresiones humanas que dan su  identidad al pueblo chileno. 
 
Poco más de 18 millones de habitantes pueblan este país Austral, dividido geográficamente  en tres zonas: al oriente, la inmensa cordillera de los Andes con sus cumbres y nieves eternas; al centro, amplios y fértiles valles agrícolas tapizados de viñas; y al poniente la cordillera de la costa con sus arrecifes y paisajes idílicos.
 
Aterrizamos en Santiago, la capital de Chile, una extensa urbe al pie de los Andes, donde vive la mayor parte de la población chilena. De inmediato nos fuimos a recorrer el centro histórico, un área de la ciudad donde se concentran los monumentos más significativos para la historia de Santiago de Chile, como son: La Plaza de Armas, el Palacio de la Moneda, el Teatro Municipal, la Iglesia de La Merced, el Museo de Bellas Artes, el pintoresco Mercado Central y el Cerro de Santa Lucía. 
 
Al caminar, observamos el intenso verdor de los parques y avenidas, así como la majestuosa arquitectura de los edificios clásicos y neoclásicos, Barrocos y Neobarrocos que conforman el Centro Histórico. 
 
Al otro día, bordeamos el pacífico para llegar a Viña del Mar y Valparíso. Una experiencia inolvidable: recorrer las calles de estas  
ciudades  mágicas, de intenso aire poético y arquitectura tradicional.  Ambas son un referente importante de la gran riqueza artística y cultural de Chile. Un país representativo del alma de latinoamérica.
 
 

LA SEBASTIANA



miércoles, 23 de noviembre de 2016

El poema de Gilgamesh

El poema de Gilgamesh

La palabra literatura proviene del término latino litterae, que significa letra; de ahí que se puede definir la literatura como el arte de la palabra y que su estudio comprenda todo lo que pertenece a cualquier obra artística expresada por medio de palabras. El concepto de literatura también hace referencia a la acumulación de saberes para escribir y leer de modo correcto.  El quehacer literario posee una relación estrecha con el arte de la gramática, la retórica y la poética

Según el diccionario de la Real Academia Española (RAE): “la literatura es una actividad de raíz artística que aprovecha como vía de expresión al lenguaje”. De ahí que el término literatura también se utiliza para definir a un grupo de producciones literarias surgidas en el seno de un mismo país, periodo de tiempo o de un mismo género (como la literatura, por ejemplo mesopotámica) y al conjunto de materiales que giran sobre un determinado arte o una ciencia (literatura deportiva, literatura jurídica, etc.).

Entre los primeros textos literarios de la humanidad aparece el poema de Gilgamesh, una narración sumeria escrita en tablillas de arcilla, en escritura cuneiforme que data del 2.000 a. C. Antes de esta época, las narraciones solían circular de generación en generación a través del lenguaje oral. Esta epopeya antecede en 1500 años a las de Homero. El poema es una narración sobre las aventuras de Gilgamesh y Enkidu. Esta epopeya es considerada como la narración escrita más antigua que se conoce.

 Al comienzo del poema, Gilgamesh es un rey tiránico- fuerte, sabio, y dotado de un cuerpo perfecto, en parte hombre y en parte dios- abusó de los ciudadanos de Uruk. La gente se quejaba: 

“Gilgamesh hace sonar la campana de alarma para su diversión”, su arrogancia no tiene límites ni de día ni de noche(…)".

Los ciudadanos se quejan, suplicando a los dioses que manden un competidor para que se enfrente a Gilgamesh. Los dioses atienden esta queja creando a Enkidú, un gigante peludo y bárbaro destinado a enfrentarse a Gilgamesh. Pero cuando ambos traban feroz combate ninguno sale vencedor. Los dos se hacen rápidamente buenos amigos y emprenden incontables  aventuras, buscando proezas heroicas. Juntos dan muerte al gigante Humaba y al Toro del Cielo. Gilgamesh rechaza el amor de la diosa Ianna(diosa del amor sumeria) Como castigo a estos actos de impiedad, los dioses hacen que Enkidu muera en plena juventud. 
Impresionado por la desaparición de su amigo, Gilgamesh emprende la búsqueda de la inmortalidad, sólo para convencerse de que la inmortalidad es un estado exclusivo de los dioses. El deseo de inmortalidad, una de las grandes búsquedas de la humanidad, termina en completa frustración. “La vida eterna”, subraya la epopeya mesopotámica, es sólo para los dioses, no es alcanzable a los simples mortales.

La epopeya de Gilgamesh es la primera contribución importante a la literatura universal.








sábado, 10 de septiembre de 2016

Ana María Matute en La Feria del Libro de Santo Domingo

Invitada especial Feria del Libro de Santo Domingo, 2016

Ana María Matute nació un 26 de julio en Barcelona, España. Con su familia vivió el horror de la guerra civil española, de ahí, que su obra literaria se origina desde un punto de vista de la vida, marcado por el pesimismo. La enajenación, la hipocresía, la desmoralización, y la malicia, son características que comúnmente describen la psicología de sus personajes que viven en medio de la maldad del mundo de los adultos, en contraste con la ingenuidad, ilusión y espontaneidad del universo de la infancia,

La violencia, el odio, la muerte, la miseria, la angustia y la extrema pobreza que siguieron a la guerra marcaron hondamente a su persona y a su narrativa. La de Matute es la infancia robada por el trauma de la guerra y las consecuencias psicológicas del conflicto, y la posguerra en la mentalidad de una niña, y una juventud marcada por la desesperanza, sentimiento que se refleja en sus primeras obras centradas en los "los niños asombrados" que veían muy a pesar suyo, los sinsentidos que les rodeaban.

En sus novelas, esta maestra del realismo literario trata muchos aspectos políticos, sociales y morales de la España del período de la posguerra, en una prosa frecuentemente lírica y práctica a la vez, en la cual, incorpora técnicas narrativas asociadas con la novela modernista y surrealista.

Con todas estas cualidades y talento literario, Matute es considerada una de las voces más personales de la literatura Española del siglo XX. Son famosas sus trilogías, obras literarias compuestas por tres novelas o cuentos que tienen a la vez características comunes y diferentes. Entre ellas: Historias de Artamila y la trilogía Los Mercaderes compuesta por: Primera memoria, Los soldados lloran de noche y La trampa.  En el siguiente fragmento de la novela Olvidado Rey Gudú (Editorial Espasa Narrativa 1996) una de sus obras más leídas, se aprecia su estilo realista que reproduce artísticamente los hechos para dar un retrato fiel y vital de los seres humanos, su carácter y su ambiente.

“Los hijos del Conde Olar heredaron la extraordinaria fuerza física, los ojos grises, el áspero cabello rojinegro y la humillante cortedad de piernas de su padre. Sikrosio, el primogénito, tenía más rojo el pelo, también eran mayores su fuerza y corpulencia, su destreza con la espada y su osadía. Por el contrario, de entre todos ellos, resultó el peor jinete, precisamente por culpa de aquellas piernas cortas, gruesas y ligeramente zambas que algunos, bien que a su espalda- tildaban de patas. Si hubo algún incauto o malintencionado que se atrevió a insinuarlo en su presencia, no deseó, no pudo, repetirlo jamás. Desde temprana edad, Sikrosio dejó bien sentado que no se trataba de una criatura tímida, paciente, ni escrupulosa en el trato con sus semejantes. Su valor y arrojo, tanto como su naturaleza, no conocían el desánimo, la enfermedad, la cobardía, la duda, el respeto, ni compasión. Pronunciaba estrictamente las palabras precisas para hacerse entender, y no solía escuchar, a no ser que se refiriesen a su persona o su caballo, lo que decían los otros. No detenía su pensamiento en cosa ajena a lances de guerra, escaramuzas o luchas vecinales y en general, a toda cháchara no relacionada con sus intereses. Cuando no peleaba, distribuía su jornada entre el cuidado de sus armas y montura, la caza, ciertos entretenimientos guerreros y placeres personales – no muy complicados estos, ni, en verdad, exigentes-.Era de natural alegre y ruidoso, y prodigaba con mucha más frecuencia la risa que la conversación. Sus carcajadas eran capaces de estremecer- según se decía- las entrañas de una roca. Amaba intensamente la vida- la suya, claro está- y procuraba sacarle todo el jugo y sustancia posible. A su modo, lo conseguía……Pero un día, Sikrosio conoció el terror. El terror nació de su recuerdo y culminaba en una profecía. El recuerdo le asaltaba inesperado, cada vez con más frecuencia, y llegó a amargar parte de su vida. La profecía- que vino mucho más tarde- la destruyó definitivamente….Y todo esto comenzó una mañana, apenas amanecía la primavera, junto al río Oser (….)”.[1]

La historia de Sikrosio se puede identificar con el desarrollo de una anécdota, esto es, el encadenamiento temporal y causal de las acciones que protagonizan los personajes. En cuanto al plano semántico se desarrolla el tema de la infancia. En Olvidado rey Gudú Ana María Matute logra llamar la atención sobre los significados mismos, o dicho de otra manera, utiliza una prosa narrativa, diáfana y descriptiva, gracias a una selección de palabras instrumentales y denotativas que logran materializar la función expresiva de la lengua. La que es propia de los textos literarios. Todo esto significa, que estamos ante una escritora, cuya finalidad radica en la construcción de un universo narrativo en sentido estricto, con múltiples personajes que responden a un número de funciones acordes a su aportación al desarrollo de la historia. En la obra de Matute los personajes se identifican con la fuerza fundamental generadora de la acción. En Historias de la Artamila (1961) tal asociación de                       

En el año 2000 Ana María Matute vino a Santo Domingo para participar en la Feria del Libro, asistiendo a varias actividades. En el marco de ese evento dictó una interesante conferencia sobre su obra que tuve la oportunidad de escuchar. A continuación transcribo un fragmento de la nota de prensa que divulgó la comisión de La Feria Nacional del libro 2000 con motivo de la visita de la laureada escritora española.

“El día estaba soleado y caluroso cuando Ana María Matute atravesó el umbral de la Feria del libro vestida con una falda azul de mar adornada con una colección de lunas llenas y una blusa con los últimos colores de la tarde. Eran las once y cuarenta y cinco. Sin abandonar por un segundo la conversación, que en ella es arte y magia, y forma de expresión, empezó a firmar sus libros, diciendo: “A mí me parece una gran cosa de esta feria la gran participación de niños y jóvenes. Ellos son el futuro. Ana María Matute, anda por el mundo con todos los reyes y mendigos a cuestas, con sus campesinos muertos de hambre y sus poderosos muertos de miseria. Son seres derrotados y signados por la imperfección de los actos humanos, habitando una novelas donde, a pesar de las circunstancias, está presente la esperanza. Su pelo esta poseído por la luna y bajo ese manto blanco que lo cubre  ha puesto a convivir dudas y certezas”.






[1] Matute, Ana María. Olvidado Rey Gudú. España: Editorial Espasa Narrativa. 3ª. ed. 1996. pp.17- 18.

Isabel Allende y la Casa de los Espíritus

La autora y la obra analizada

En el libro Isabel Allende Vida Espíritus (de la editorial Plaza y Janes, 1998) Isabel Allende confiesa: “La escritura es para mí un intento desesperado de preservar la memoria. Soy una eterna vagabunda y por los caminos quedan los recuerdos como desgarrados trozos de mi vestido. Escribo para que no me derrote el olvido y para nutrir mis raíces, que ya no están plantadas en ningún lugar geográfico, sino en la memoria y en los libros que he escrito”.

La escritora chilena con frecuencia busca inspiración, ante la página en blanco cerrando los ojos por un instante, regresa a la cocina de la casa donde se crió y a las extraordinarias mujeres que la formaron: Su abuela la enseñó a leer los sueños, su madre, quien todavía la obliga a mirar los acontecimientos por detrás y a la gente por dentro, las viejas empleadas que le trasmitieron los mitos y leyendas populares, iniciándola en el vicio de las radionovelas, y sus amigas feministas que en los años 60 conspiraban para cambiar el mundo, las periodistas que le dieron las claves del oficio.

“De ellas aprendí que la escritura no es un fin en sí mismo, sino un medio de comunicación“, afirmó la autora de La Casa de los EspíritusEl tiempo se ha encargado de probar que Isabel Allende es una escritora de verdad. De ello dan cuenta las muchas ediciones que en diversos idiomas se han hecho de sus novelas y el entusiasmo que siguen despertando en el público lector sus novelas “La casa de los espíritus”, “De Amor y de Sombra”, “Eva Luna”, y “El plan Infinito” traspasan el interés del contenido, llamando mucho la atención la forma como ella cuenta sus historias, sin ningún rebuscamiento, con hondura y simplicidad, y con un gran dominio del lenguaje que le permite crear imágenes de insuperable plasticidad y colorido.


De todas sus novelas La Casa de los Espíritus es la más importante, no solo por el gran éxito que alcanzó convirtiendo a la autora en noticia, sino porque sigue atrapando a nuevos lectores que la leen encantados. Y es que en esta novela, lo fascinante no es solamente la historia contada, sino la forma y el estilo con que es contada, con sencillez y naturalidad, fluye el tema de todas sus historias, motivo para el ejercicio de una prosa cada vez más cristalina, más labrada y rica para construir una estructura narrativa de insuperable plasticidad y movimiento.